Chicos a partir de este video deben generar un documento compartido mediante google drive en elque cada uno debe emitir su opinión en cuanto a:
1.¿Les resulta un entrenamiento imposible de realizar en la escuela?
2.¿Se creen capaces de realizarlo?
Es cuando tenes un archivo o carpeta y lo envias a un servidor y queda guardado, para una proxima utilización, en la cual solo es necesario una computadora con acceso a internet.
2) Mencione las principales ventajas de este tipo de servicios
Que se puede acceder en cualquier lugar del mundo.
No necesito llevar la computadora o pen.
Es privado.
3) ¿Cuáles son los servicios mas importantes que ofrece la computación en la nube?
Que es privado
4) ¿Cuál es el aporte de la computación en la nube para desarrollar estrategias de aprendizaje colaborativo?
El aporte que brinda es que uno puede acceder a la información en culquier momento y lugar, se puede compartir información.
5) ¿Qué es Google Drive?
Google Drive es un servicio de alojamiento de archivos.
6) ¿Qué es Mega y WeTransfer? Explicar diferencias respecto de Google Drive
Son otros servicios de alojamientos de archivos. La diferencia es que en google drive se puede trabajar colaborativamente.
7) ¿Cuál es la utilidad educativa de la sincronización de archivos?
Elegi este blog porque me parecio interesante saber que cuando uno esta en su tiempo libre puede tener opciones de actividades para desarrollar.
Con respecto al deporte es interesante saber la importancia que tiene el mismo para la salud y la calidad de vida de los niños y adolescentes.
El concepto
de animación sociocultural está muy unido al desarrollo histórico del ocio y
del tiempo libre, autores como Puig (1985) consideran, por ejemplo, a Platón el
primer animador sociocultural de la historia. A fin de realizar una primera
aproximación consideramos conveniente revisar algunas concepciones que se han
originado a lo largo de la historia, y de esta manera reflexionar acerca de la
evolución del concepto de ocio como un concepto previo y originario de los
anteriores.
"La
felicidad perfecta consiste igualmente en el ocio. No nos privamos de los ocios
más que para conseguirlos, y es para vivir en paz para lo que hacemos la
guerra" (Aristóteles, Etica a Nicomaco,X,7,1177b 4-6).
"El
hombre que trabaja se ocupa de si mismo con la mira puesta en algún fin que no
está en su posesión, mientras que la felicidad, a la que se llega por el ocio,
es un fin perfecto, que todos los hombres creen está acompañado de placer y no
de dolor" (Aristóteles, Política,VIII,3,1338a 1-6)
"considerando
la demanda a la cual responden estas artes mecánicas inferiores, el tiempo de
los que a ellas se dedican no les deja ningún momento de ocio que puedan
consagrar a la amistad o al estado" (Jenofonte, Económica,IV,2)
"El
público no se divertirá mientras no esté en plena libertad de divertirse; porque
entre rondas y patrullas, entre corchetes y soldados, entre varas y bayonetas,
la libertad se amedrenta, y la tímida e inocente alegría huye y
desaparece" (Jovellanos,1790, Memoria para el arreglo de la policía de
los espectáculos y diversiones públicas, y sobre su origen en España).
"Toda
persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una
limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas
pagadas" (art.24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de
10 de diciembre de 1948)
"El
tiempo libre es esencial para la civilización, y, en épocas pasadas, sólo el
trabajo de los más hacia posible el tiempo libre de los menos. Y con la técnica
moderna sería posible distribuir el ocio sin menoscabo para la civilización...
En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres
pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría
como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría desmoralizador. Los hombres
aún trabajan ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patronos quiebran y,
la mitad de los hombres anteriormente empleados son despedidos. Al final hay
tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres están
absolutamente ociosos, mientras la otra mitad sigue trabajando demasiado. De
este modo queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por
todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede
imaginarse algo más insensato?" (Bertrand Russell,1935, Elogio de la
ociosidad, Edhasa, Barcelona, 1989, p.14-15)
"La
ociosidad no consiste en no hacer nada, sino en hacer muchas de la cosas que no
resultan aceptadas en los formularios dogmáticos de la clase dominante"
(Stevenson, R.L. Apología de los ociosos y otras ociosidades, Laertes,
Barcelona, pp.23)
"(el
ocio es) el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse
voluntariamente; sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su
información o formación desinteresada, su voluntaria participación social o su
libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de su obligación profesionales,
familiares y sociales" (Dumazedier,1966).
"Es la
primera vez dentro de la historia de las sociedades tecnológicas que la
duración media semanal de tiempo libre ha sobrepasándola del tiempo de trabajo,
para la población masculina y femenina de más de 18 años" (Dumazedier, J.,
1988, Revolution culturelle du temps libre, Meridiens Klincksieck.)
"el
ocio, independientemente de la actividad concreta de que se trate, es una forma
de utilizar el tiempo libre mediante una ocupación libremente elegida y
realizada cuyo mismo desarrollo resulta satisfactorio o placentero para el
individuo" (Jaume Trilla,1989, "Tiempo libre y educación
infantil", Enciclopedia práctica de la pedagogía, Planeta, Madrid).
Todas las
citas anteriores dan cuenta de la importancia del ocio y del tiempo libre,
desde la Grecia clásica y como esa primigenia concepción ha ido evolucionando
hasta nuestros días. No obstante nos gustaría hacer una breve reflexión en
torno a la cita de Jovellanos, en ella podemos observar como afirma la
coexistencia paralela de dos conceptos libertad y ocio. Jovellanos es uno de
los primeros autores españoles que en 1786 hace una revisión de las diversiones
y espectáculos en España. (vid Espectáculos y diversiones públicas). Centrándonos
en la cita, Jovellanos acusa al Gobierno de crear una policía y unas normas que
no permiten al pueblo disfrutar de la libertad necesaria para divertirse y que
esto unido a las precarias condiciones en que se encuentran las ciudades
consiguen que los españoles no se diviertan y están tristes. Podemos entrever
una crítica sagaz a la política anglófila de Leopoldo de Gregorio marqués de
Esquilache (recordemos que el fin de esta política se concluye con el motín de
Esquilache).
Como
primera aproximación al concepto de ocio y desde una concepción economista, el
ocio es considerado como un bien de consumo de primera necesidad. Podemos
considerar al ocio como medida de tiempo y equivale en realidad al tiempo
libre. A partir de los inicios del siglo XIX este tiempo libre aumenta
progresivamente: así en EEUU la semana pasó de 70 horas en 1860 a 37 en 1960 y
en Francia en el mismo período de 85 a 48 horas. En todos los países
económicamente desarrollados ha tenido lugar esta reducción del tiempo de
trabajo y, consiguientemente, el considerable aumento del tiempo libre,
fenómeno que se ha debido a cuatro factores paralelos:
a.a.
menos horas diarias de trabajo
b.b.
disminución de los días de trabajo por semana
c.c.
menos semanas de trabajo al año
d.d.
menos años de trabajo en una vida complet
En algunos
casos cabe considerar al ocio como un trabajo no remunerado (p.e. los
pasatiempos o hobbys), como una necesidad del sistema de producción
(intervalo en el trabajo para poder conseguir mejores rendimientos) o como un
bien abstracto de consumo que se elige en detrimento del aumento del nivel de
vida; sin embargo a este respecto, datos estadísticos concernientes a los últimos
150 años demuestran que a pesar de que las horas trabajadas se han reducido
casi a la mitad, el nivel de vida ha aumentado en cinco veces. Los economistas
se han planteado un posible ajuste de las decisiones de la iniciativa privada y
los determinismos del mercado del ocio.
Algunos
autores consideran que hablar de civilización del ocio es un mito. Entre estos
autores destaca F. Pedro (1984) que señala que se necesitan 32 años para
reducir la jornada laboral a 40.000 horas (que es la estimación media de las
horas trabajadas durante la vida productiva de una persona) y mantiene que aún
así, el aumento del paro durante la década de los ochenta no permite hablar de
ocio, a no ser para esos pocos que si tienen trabajo; hoy en día hablar de la
sociedad del ocio es un lujo. Primero hay que solucionar los problemas del paro
y luego los del ocio.
En esta
misma línea apunta el trabajo de Caivano (1987 pp. 373-381) al afirmar que
"el discurso seductor del tiempo libre es un espejismo interesado, una
zanahoria ideológica para hacer salivar a algunos a costa de la destrucción de
muchos... El tiempo libre es el tedio sin recursos, al que los ociosos llaman
tiempo libre". Aunque termina afirmando que la cuestión del tiempo libre
es una de las cuestiones fundamentales del futuro, es una reflexión pendiente
que tiene que hacerse de forma particular y concreta para que el tiempo libre
sea una realidad.
Por su
parte Dumazedier (1988) después de realizar un extenso análisis de la evolución
de la situación social desde 1806, afirma que a pesar del paro actual, si es
licito hablar de la civilización del ocio, desde el mismo momento que la
cantidad de tiempo libre se ha visto aumentada y se ha hecho manifiesta para
toda la sociedad. Esto ha surgido como consecuencia del horario de 35 horas a
la semana de trabajo, 5 semanas de vacaciones y retiro a los 60 años. Como
consecuencia de este análisis Dumazedier se pregunta ¿por qué esta situación
global no está recogida dentro del discurso político?, ¿por qué se centra todo el
problema social en el aumento del paro?.
La
importancia de tener tiempo libre y ocuparlo en actividades que nos ayuden a
formarnos como personas, tiene además un carácter preventivo de algunos de los
males que aquejan a la sociedad: depresión, soledad, aislamiento, alcoholismo,
drogadicción, enfermedades por sedentarismo, enfermedades crónicas, etc. Esto
hace que el tiempo libre hoy en día sea una reivindicación de todas las clases
sociales y de todos los grupos de edad. En esta línea Peralta (1990) afirma que
liberar el tiempo y generar el espacio para que la recreación contribuya al
perfeccionamiento del hombre, es un reto para éste, pero significa también un
reclamo de la sociedad al estado y al gobierno para que las estructuras
productivas y de distribución del ingreso garanticen tiempo y recursos
adicionales para el recreo del cuerpo, la mente y el espíritu.
Este
reclamo social, en pro de una mejora cualitativa y cuantitativa de vida esta en
relación con lo que denominamos calidad de vida, aspecto este directamente
relacionado con el tiempo libre "La calidad de vida que experimenta una
persona hoy en día, en nuestra sociedad, predominantemente urbana, está ligada
al tiempo libre".
En cuanto a
los aspectos del ocio y en la misma línea de Wearing, Betsy y Stephen (1987),
podemos considerar tres elementos del ocio:
1.El
tiempo libre (ocio como tiempo, Neumeyer,1944 y Neumeyer y Esther,1936)
2.El
tipo de actividad (ocio como actividad; se estudian los distintos tipos de
actividades)
3.La
experiencia vivida (ocio como experiencia De Grazia, 1962, 1963; Neulinger,
1971, 1975).
Desde este
punto de vista, el ocio se conforma como una actitud, un comportamiento, algo
que tiene lugar durante el tiempo libre y que no importa tanto lo que se haga
sino el como se haga, el ocio, independientemente de la actividad concreta de
que se trate, es una forma de utilizar el tiempo libre mediante una ocupación
libremente elegida y realizada cuyo mismo desarrollo resulta satisfactorio o
placentero para el individuo (Trilla, 1989).
Para Sue
(1982), el ocio es un fenómeno social, ya que se ha convertido en una
reivindicación fundamental. Esto es debido, según él, a tres factores:
1.La
progresión lenta del tiempo libre, que favorece un cierto equilibrio entre trabajo
y ocio, a la utilización del tiempo de ocio que provoca una mayor demanda de
ocio, al aumento del presupuesto económico para las diversiones de forma más
rápida que la de otros gastos.
2.El
aumento de los salarios y del tiempo libre. En un sondeo realizado por Sofres
en 1978, el 55% de los franceses activos prefería trabajar la mitad de tiempo a
recibir el doble de salario. Actualmente, se debate una reducción de la semana
laboral a cuatro días y una reducción del salario del 5% con el consiguiente aumento
del tiempo libre y la disminución del paro.
3.Ciertas
actividades de esparcimiento desempeñan un papel social indispensable para la
colectividad.
Hoy en día,
el ocio es una industria organizada en la cual, la inversión y el negocio son
sus ingredientes básicos. Esta concepción del ocio dictada por el simple valor
del mercado, refleja el proceso mediante el cual, los valores cuantitativos
reemplazan a los cualitativos. El ocio debe contribuir a desarrollar la
imaginación creativa y la inteligencia crítica. Y debe cuestionar la
importancia de estos valores mercantiles.
En un
trabajo realizado por Martin y Mason (1987a) calculan que el mercado del ocio
en el Reino Unido era de 28 billones de libras en 1985. Por su parte J. Kelly
en un trabajo realizado en Estados Unidos afirma que los gastos realizados en
ocio es del 6% de la renta de cada familia americana; afirma asimismo que los
trabajadores pierden de vista la noción de creatividad del ocio, por
considerarlos como un bien y un servicio para consumir. En un trabajo realizado
por Meléndez (1986), éste afirma que los gastos asociados con el tiempo libre
en los Estados Unidos ascendieron a 265 billones de dólares en 1982, lo que
supone un gasto superior a la partida presupuestaria que el gobierno destino a
defensa en ese mismo año. La situación en Canadá es similar, en 1985 se
informaron gastos que ascienden a 263 millones de dólares.
2. Antecedentes históricos de la
recreación
Algunos
sociólogos, como Parker y Dumazedier, sostienen que el ocio es un fenómeno
exclusivo de nuestro tiempo. El primero considera que con el acortamiento de la
semana laboral el ocio ha pasado a tener relevancia en la vida y de forma
similar Dumazedier otorga al ocio unas características que son consecuencia de
la revolución industrial.
Desde
nuestro punto de vista, al igual que Munné (1980), negar la dimensión histórica
del ocio supone un juicio de valor apriorístico. La solución viene pues, en
considerar su dimensión teniendo en cuenta las coordenadas temporales y
situarnos contextualmente en los diferentes momentos históricos, para de esta
forma poder valorar la dimensión que alcanzó el ocio en cada uno de esos
momentos. Por lo tanto, la concepción del ocio guarda una estrecha relación con
una determinada época, lo cual determina su consideración en una sociedad
determinada, lo que le confiere un valor o "disvalor" en
función de la consideración alcanzada en una clase dominante o un sector
significativo de la sociedad. En definitiva, el problema se resuelve haciendo
un breve repaso histórico y en función de unas determinadas coordenadas
temporales.
2.1. La skholé como ideal griego
Etimológicamente
skholé significa parar o cesar, con el sentido originario de estar
desocupado y por tanto, disponer de tiempo para uno mismo (esto coincide con el
significado literal de la expresión "tiempo libre"). La skholé
no era sinónimo de no hacer nada, sino la posibilidad de gozar de un estado de
paz y contemplación creadora (dedicada a la theoria, saber máximo entre
los griegos) en que se sumía el espíritu.
La
disposición de este tiempo fue posible gracias a la estratificación social de
los helenos. Solamente unos pocos podían gozar de este tiempo, gracias
precisamente a la esclavitud. Esto tiene como consecuencia más inmediata que si
según la teoría griega sólo el hombre que posee ocio es libre, esto es posible
porque sólo el hombre libre puede poseer ocio.
Debemos por
tanto examinar en este punto las consideraciones de Sócrates, Platón y
Aristóteles (Política, II, 1269a y VIII, 1338a; Etica, I.1095, y
X, 1177).
2.2. El otium romano
En Roma
encontramos una nueva acepción del concepto de ocio. Esta es introducida
fundamentalmente por Cicerón ( cf. su discurso Pro Sestio, &96 y
ss). Para el concepto de trabajo véase De Officis , I, &42, y De
Senectute , &8. Sobre las diversiones, el ocio y la ociosidad véase De
Officis , I, & 29 y 30; y II, &I.). De forma somera diremos que
para Cicerón hay que alternar otium con el nec-otium . El trabajo
no tiene una significación negativa. El ocio consiste en no trabajar, en un
tiempo libre de trabajo, que se da después del trabajo y para volver a éste. El
ocio tal como lo concibe Cicerón no es tiempo de ociosidad, sino de descanso y
de recreo tanto como de meditación.
La novedad
en la concepción romana del ocio consiste en la introducción del ocio de masas.
Según expone en su trabajo Giangrande (1974, p. 48), "el ocio es sinónimo,
para el gran público, de desocupación y de diversión más o menos impuesta por
los cónsules o los emperadores para dominarlo mejor". Está enfrentado,
pues, el ocio de la elite social al ocio popular.
Pensemos en
la importancia que tiene esta consideración por cuanto el concepto de otium,
no así el de skholé, sigue vigente; se trata del ocio de aquellos que
emplean el descanso o la diversión como un simple medio de evasión social o
para trabajar mejor.
2.3. La concepción del ocio en la Edad Media y el Renacimiento
En la Baja
Edad Media y comienzos del Renacimiento encontramos otro sentido del ocio. El
tipo de ocio que surge está inspirado en un espíritu lúdico clasista. Consiste
en la abstención de trabajo y en la dedicación a actividades elegidas
libremente tales como la guerra, la política, el deporte, la ciencia o la
religión. La vida ociosa es indicador de una elevada posición social (Huizinga,
1924).
Queremos
destacar que lo importante será que el empleo de un tiempo de ocio se va
convirtiendo en un signo exterior de nobleza, contrapuesto al servil tiempo de
trabajo, señal de sumisión.
2.4. La concepción del ocio en la Edad Moderna
Los
postulados sobre el valor ético y religioso del trabajo defendidos en Europa
por la ética reformista del calvinismo y las rígidas doctrinas del puritanismo
inglés, a partir del siglo XVII, dan un nuevo sentido al ocio. La nueva
concepción considera que el ocio es un vicio personal y social.
El ocio
pasa a ser entendido como contrapuesto a trabajo. El trabajo es productivo; el
ocio es improductivo. El protestantismo suprimió el culto a los santos, y con
ello los días de fiesta dedicados a ellos, que pasaron de este modo a ser
productivos. El movimiento puritano restringió los placeres y las
distracciones, y miró con recelo la práctica de la educación física y los
deportes, los cuales sufrieron fuertes limitaciones tal como ha expuesto en su
trabajo Brailsford (1969).
Esta huella
puritana, como concepción del ocio desde un punto de vista negativo, será honda
y llega a la sociedad industrial (recordemos el proverbio de la época "all
work and no play"). Incluso podemos encontrarla hoy en la clase media.
Un ejemplo de ello es el que nos muestra W.H. Whyte en su trabajo The
Organization Man (1956), refiriéndose a los ejecutivos que viven para la
organización empresarial a la que pertenecen sin importarles su ocio.
2.5. El ocio y la revolución industrial
Con la
llegada de la Revolución Industrial la jornada de trabajo en lugar de disminuir
aumenta. El tiempo de trabajo diario aumenta para hombres, mujeres y niños,
hasta llegar, incluso, a puntos agotadores. Todo ello implica que las masas
trabajadoras tomen conciencia de esta situación e inicien un movimiento
reivindicativo. Sus objetivos se resumen en dos puntos: reducción de la jornada
laboral y aumento de los salarios. Ello origina un proceso que persigue la
disminución de las horas de trabajo a través de medidas legislativas, mediante
las cuales los gobiernos establecen límites máximos a la jornada de producción.
Una fecha significativa es el año 1948, en la que la Asamblea de las Naciones
Unidas aprueba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta
declaración proclama en su artículo 24 "el derecho al disfrute del tiempo
libre".
Lo
interesante es resaltar la nueva dimensión que alcanza el ocio y el tiempo
libre en su acepción más moderna. Tanto en Grecia como en Roma, como en la Edad
Media y Renacimiento y el puritanismo inglés posterior, la actividad ociosa
tiene un significado claro que condiciona el empleo del tiempo dedicado a ella.
La valoración del ocio está en función del modo como se emplea.
Esto es
diferente en el uso moderno del término. Lo que importa no es directamente el
ocio, sino el no-trabajo. El valor esencial se centra en los aspectos
cuantitativos del ocio, no en los cualitativos.
2.6. La concepción del ocio y del tiempo libre en la historia
Las
diferentes respuestas históricas a la pregunta de qué es el ocio nos ayudan a
comprender, en parte, la vaguedad conceptual con que el ocio es aprehendido.
Con la concepción moderna del ocio se plantea el problema, ya latente en la
historia, de las relaciones entre el ocio y el tiempo libre. ¿El ocio moderno,
tiempo sustraído al trabajo, es tiempo libre?.
La
bibliografía actual dedica muchas de sus páginas a este tema. Para algunos
autores ambos conceptos son sinónimos, otros los perciben como diferentes.
Desde este punto de vista trataremos de las diferencias fundamentales entre
Sebastián de Grazia (1962) y Herbert Marcuse (1964).
¿Que lugar ocupa el deporte en la escuela?
1. Introducción
¿Qué lugar
ocupa hoy el deporte en la escuela? ¿Es conveniente incluir el deporte en la
Educación Física o por el contrario debe tratarse en las actividades
extraescolares y complementarias? ¿Puede ser el deporte un adecuado contenido
para el cumplimiento de objetivos educativos?. La Educación Física, sin duda,
ha evolucionado. Lejos nos queda aquel planteamiento de una Educación Física al
servicio de la mejora de nuestra higiene postural y de la disciplina física y
moral, materializada en la gimnasia sueca, o esos momentos en los que el
deporte constituía prácticamente el medio fundamental para la formación
integral de los alumnos al servicio de los valores de la sociedad industrial.
Entonces nuestras clases se convirtieron en pequeños “entrenamientos” y cada
unidad didáctica, en la exaltación de un deporte.
En la época
actual parece que el deporte no sólo ha perdido protagonismo dentro del
currículum de Educación Física, sino que se cuestionan con severidad sus
posibles valores educativos. Desde luego reconocemos que la visión marginal del
deporte que se nos presenta a través de los espectáculos deportivos en absoluto
puede tener cabida en la educación de nuestros alumnos, pero al mismo tiempo
pensamos que dar la espalda a la práctica deportiva en el medio escolar sería
cerrar los ojos a una actividad social que constituye un fenómeno cultural
universal y, probablemente, la manifestación más importante de la actividad
física humana.
No puede
resultar más paradójico que, en la postmoderna sociedad actual de un pluralismo
ideológico incipiente, de la aceptación de nuevas formas de práctica física y
deportiva, de una ruptura de cánones y valores universales, tratemos de sesgar
el concepto integral de Educación Física, apartando el deporte de sus
contenidos.
A lo largo
del presente artículo, reflexionaremos sobre las posibilidades educativas del
deporte, en particular de los deportes de invasión, para su aplicación en la
Educación Primaria, al tiempo que reconoceremos la necesidad de un renovado
planteamiento metodológico para adecuarnos a los objetivos de dicho nivel
educativo.
2. El deporte escolar
En torno al
término “deporte”, existen gran cantidad de conceptos, ideas y pensamientos
sobre su significado y la transcendencia que, en la actualidad, éste tiene
sobre la sociedad y sobre el hombre. Para los españoles, deporte,
coloquialmente, incluye prácticamente cualquier actividad física y/o deportiva,
tal y como queda constatado en los estudios de García Ferrando 1 (1997).
A pesar de ello, la enorme influencia de los medios de comunicación y el cada
vez mayor impacto social que tienen los acontecimientos deportivos en la
población, quizás nos lleve a entenderlo de una forma parcial relacionada con
su expresión competitiva, en especial, el deporte de alto rendimiento, el
considerado deporte-espectáculo. Tradicionalmente, el deporte en la escuela ha
sido, precisamente, un reproductor de ese modelo deportivo, dirigido al
aprendizaje de técnicas y tácticas similares a las de los adultos, basándose en
actividades donde el resultado era el objetivo y, a la vez, la gran motivación
y justificación de las mismas. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, al
plantearnos el análisis del mismo en el entorno escolar, parece claro que su
conceptualización no debe llevarnos hacia ese fin, por cuanto consideramos debe
cumplir con los objetivos propios de la Educación Física, potenciando sus
valores educativos.
En primer
lugar, conviene matizar que entendemos el deporte en el marco escolar como
deporte en edad escolar, saltando de esta manera los límites que
tradicionalmente lo han circunscrito a la escuela, apreciando, de esta manera,
su relación con la sociedad en general, pues tal y como aclaran Gómez y García
(1993): “ … el deporte escolar es toda actividad físico-deportiva realizada por
niños/as y jóvenes en edad escolar, dentro y fuera del centro escolar, incluso
la desarrollada en el ámbito de los clubes o de otras entidades públicas o
privadas, considerando, por tanto, deporte escolar como sinónimo de deporte en
edad escolar.”
El hecho
deportivo, como no podía ser de otra forma, transciende al exterior del centro
de enseñanza, por lo que, otras instituciones en principio no enfocadas a la
docencia, pero de gran incidencia sobre la formación del niño 2, han
de asumir parte de la responsabilidad en su formación deportiva. Clubes,
federaciones, ayuntamientos … deben favorecer y apoyar el fomento del deporte
en edad escolar, si bien, la escuela debe ser la impulsora y coordinadora de
los intereses de los niños hacia el deporte.
Precisamente,
este aspecto, que trataremos posteriormente, tiene gran relevancia ya que
entendemos que cualquier planteamiento pedagógico que del deporte presentemos
para su tratamiento dentro del currículum de Educación Física, debe tener
correlación con el trabajo desempeñado extraescolarmente. Creemos que, si de
exponer las líneas básicas metodológicas para la iniciación deportiva en edad
escolar se trata, no podemos obviar la incidencia que el resto de
instituciones, así como el fenómeno del deporte-espectáculo, pueden tener sobre
nuestros alumnos.
En otro
orden de cosas, la edad de los alumnos en Educación Primaria (6-12 años), nos
lleva a la presunción de que la aplicación del deporte en edad escolar debe
perseguir como lógico objetivo, la iniciación en el mismo. Evidentemente, este
concepto tradicional se relaciona mayormente con un deporte extraescolar
desarrollado en el seno de los clubes, con un fin claro de la mejora del
rendimiento. Sin ir más lejos, Hernández Moreno (1988) define la iniciación
deportiva como “el proceso de enseñanza-aprendizaje seguido por un sujeto para
adquirir el conocimiento y la capacidad de ejecución práctica de un deporte,
desde que toma contacto con el mismo, hasta que es capaz de practicarlo con
adecuación a su técnica, táctica y reglamento”.
Si
analizamos esta definición, podemos determinar que el enfoque va dirigido al
aprendizaje puramente deportivo de destrezas y habilidades, individuales y
colectivas. En definitiva, va encaminada a la capacitación motriz para poder
realizar una práctica autónoma y eficaz.
Aplicando
este concepto de iniciación deportiva al marco escolar entendemos que ese
predominio de la capacitación deportiva se aleja de la consideración educativa
del deporte, desestimando otra serie de aspectos sociales, afectivos e incluso
cognitivos. Desde hace unos años, la dimensión del deporte como competición y
espectáculo es objeto de una dura crítica en lo que a la transmisión de valores
educativos se refiere (Cagigal, 1983; Seirul.lo, 1995; Sáenz, 1997; Rebollo,
1997), ya que, al igual que otras actividades de la vida, puede transmitir
valores deseables o no en la configuración del carácter 3
(Contreras, 1996a). Así mismo, la supuesta excelencia que genera la actividad
competitiva, en la práctica produce un énfasis en el elitismo y en la
superioridad respecto al prójimo, lo cual nos distancia de su objetivo primario
y se convierte en una búsqueda de la victoria a toda costa 4.
Entonces,
pensamos que el significado tradicional de la iniciación deportiva nos muestra
una visión del deporte reproductora de los valores del deporte de competición,
entendiendo que los mismos carecen de fundamentos educativos, pero a la vez
somos firmes defensores de la aplicación del deporte en la Educación Primaria,
sin duda, a partir de un replanteamiento metodológico que supone un compromiso
del profesor y un mínimo interés por su adaptación al marco del proyecto
educativo. El primer paso quizá podría ser cuestionarnos los valores realmente
educativos que posee el deporte, no aquellos aspectos externos al mismo que, en
cualquier caso, pueden ser vehículo de transmisión de valores positivos o
negativos, sino aquellos que se relacionan con la propia práctica, con la forma
de realizar deporte. En definitiva, tal y como interroga Seirul.lo (1995):
“¿qué es lo realmente educativo, el propio deporte o las condiciones en las que
se realiza?. ¿ El valor intrínseco de la práctica deportiva o la justificación
que hace de ella cada uno de los contendientes?”
3. El sentido educativo del deporte
Además del
ya comentado deporte de competición, al deporte también se le reconocen otros
significados como ocio, recreación, salud ... Junto a estos fines surge además
el concepto de deporte educativo, que Blázquez (1995) considera como la
verdadera actividad cultural que permite una formación básica y luego, una
formación continua a través del movimiento. En este sentido, para Le Boulch
(1991) “un deporte es educativo cuando permite el desarrollo de sus aptitudes
motrices y psicomotrices, en relación a los aspectos afectivos, cognitivos y
sociales de su personalidad”.
Esta idea
del deporte nos lo muestra como un medio para favorecer la formación integral
del hombre. Seirul.lo (1995) profundiza en este aspecto al considerar que la
actividad deportiva del ser humano sólo puede acceder a niveles educativos
cuando en su planteamiento tenga como referencia la persona que realiza esa
actividad y no el posible resultado. Por ello, el objeto fundamental del
deporte educativo no es el deporte en sí, sino el que lo practica. No el
movimiento, sino la persona que se mueve. No el deporte, sino el deportista
(Blázquez, 1995). Evidentemente este planteamiento supone un alejamiento del modelo
tradicional del deporte escolar, y se sustenta en un modelo pedagógico en el
que el deporte constituye el medio para la consecución de objetivos educativos.
Tal y como
expresa Fraile (1997), si apostamos por una educación a través de la actividad
física, que facilite el desarrollo de conductas saludables y hábitos
higiénicos, que forme a los alumnos en valores y actitudes positivos y que
eduque en el consumo controlado y en la conciencia crítica social, el modelo
competitivo del deporte no nos puede servir. Sin embargo, ello no supone
renunciar al mismo, sino enfocarlo de forma diferente.
El MEC
postula en favor del deporte en la Educación Física 5, ya que, a
través del Diseño Curricular Base (DCB) para Educación Primaria (1991), define
que para que el deporte constituya un hecho educativo, “debe tener un carácter
abierto, sin que la participación se supedite a características de sexo,
niveles de habilidad u otros criterios de discriminación y debe, así mismo,
realizarse con fines educativos, centrados en la mejora de las capacidades
motrices y de otra naturaleza que son objeto de la educación, y con la
finalidad de obtener un resultado en la actividad competitiva”.
Perseguir
fines educativos, supone el reconocimiento de estos valores en el deporte. Pues
bien, como indica Seirul.lo (1995), los valores educativos que tradicionalmente
se le han atribuido al deporte (salud, disciplina, esfuerzo, etc) son aspectos
externos a la propia práctica deportiva, y no hacen referencia a los valores intrínsecos
del mismo. En definitiva, podemos decir que lo realmente educativo del deporte
no es su práctica eficiente desde el punto de vista del resultado, ni tan
siquiera motriz, sino aquellas situaciones de aprendizaje que ofrecen al alumno
una vía de compromiso y movilización de sus capacidades, de tal forma que esa
experiencia favorezca la organización de su personalidad, y la asimilación de
sus valores internos. Por ello, nos atrevemos a redefinir la iniciación
deportiva como el proceso metodológicamente dirigido hacia la educación
integral y desarrollo cognitivo, afectivo, motriz y social del ser humano, a
través del aprendizaje de hábitos específicos de un deporte, desde que toma
contacto con él, hasta que es capaz de practicarlo con la autonomía suficiente,
convirtiendo su práctica en una motivación intrínseca que pueda generar hábitos
deportivos perdurables.(Águila y Casimiro, 1999).
Si queremos
utilizar el deporte como medio educativo, creemos interesante analizar los
valores propios que lo diferencian de otras actividades. En este sentido,
Seirul.lo (1995) expone tres valores fundamentales: agonístico, lúdico y
eronístico.
El valor
agonístico confiere al deporte el aspecto competitivo, de lucha contra algo o
alguien, incluso contra uno mismo. El valor lúdico, presente en toda actividad
deportiva, aparece como la compensación de lo agonístico, que además le
confiere la dosis de motivación suficiente para que el practicante se
identifique con la actividad y, de alguna manera, quede “atado” a su práctica.
Por su parte, el valor eronístico, hace referencia al placer que despierta su
práctica, proporcionando un argumento suficiente para dirigir los intereses del
practicante hacia una modalidad deportiva u otra. Sin embargo, el valor erótico
de la práctica deportiva sólo puede darse en unas condiciones en las que se
cree un ambiente favorable, con gran interacción de todos los elementos de la
práctica, y con situaciones significativas (Seirul.lo,1995). Aunando estos tres
valores fundamentales, el deporte proporciona al practicante situaciones en las
que se despiertan los mecanismos cognitivos de diversas y variadas formas que
ayudan al desarrollo de una personalidad propia. Evidentemente, el aprendizaje
de habilidades específicas deportivas también debe estar presente en la medida
en que, con una mayor capacitación motriz, más rica y más significativa puede
ser la práctica y, por tanto, más se puede beneficiar el practicante de los
valores educativos del deporte, tanto desde el punto de vista recreativo y
hedonista, como desde la versión competitiva del mismo.
Asumiendo
los valores intrínsecos que posee el deporte, los educadores tenemos la
responsabilidad de intentar transferirlos al marco escolar, a través de un
proceso de enseñanza - aprendizaje, que coincida con los principios y valores
de la Educación Física. En este sentido, Fraile (1997) propone una serie de
principios básicos para la enseñanza del deporte en la escuela:
·Sus
objetivos y metas deben ser coincidentes y complementarios de la Educación
Física escolar.
·Se
deberá adaptar a la disponibilidad motriz de los participantes.
·Las
actividades planteadas favorecerán la autonomía del alumno, en tanto deben
suponer un medio para su formación integral.
·Buscará
la mejora de las capacidades perceptivo-motrices que sirvan de base para un
posterior aprendizaje deportivo técnico y táctico.
·Se
debe evitar la especialización, a través de un modelo multideportivo en el que
tengan cabida numerosas modalidades.
·Se
deben potenciar la cooperación y la participación, por encima de la competición
y la búsqueda de resultados.
·Buscar
la implicación de todos los agentes sociales que intervienen en el proceso
deportivo educativo.
4. Los deportes de invasión en el medio
escolar
4.1. Clarificación conceptual en
torno a los deportes de invasión.
Uno de los
objetivos fundamentales de las investigaciones en el campo del deporte es su
clarificación terminológica de cara a la construcción de una clasificación que
pueda ser universal. A partir de aquellas primeras clasificaciones en las que
se distinguía básicamente a los deportes de equipo, por un lado, y a los
deportes individuales, de combate y/o en el medio natural, por otro, se ha ido
avanzando en este sentido hasta encontrarnos, en la actualidad, con taxonomías
más detalladas según diferentes criterios. Siguiendo a Hernández (1994),
entendemos que pueden existir 4 tipos de deportes: psicomotrices o
individuales, de oposición, de cooperación y de cooperación-oposición. A su
vez, éstos últimos presentan tres subtipos, como sigue:
·Deportes
cuya acción se desarrolla en un espacio separado con la participación sobre el
móvil de forma alternativa: tenis dobles, voleibol ...
·Deportes
en espacio común y con participación alternativa: pelota vasca.
·Deportes
en espacio común y acción simultánea sobre el móvil: fútbol, baloncesto.